autocaravana en Halloween

Nunca duermas solo en la autocaravana en Halloween

autocaravana en Halloween

El olor ese olor, la niebla, esa sensación extraña, y ella.

Probablemente no creas la historia que vengo a contarte, pero no me importa, me basta con saber que yo sé que ocurrió, que estuvimos allí, y que quedará grabada en mi memoria.

Aquellos ruidos, esos ojos de terror, y ese olor, aquél olor que siempre nos acompañará.

Podría empezar con un…”todo empezó cuando” pero te mentiría, no sé ni cómo ni por qué empezó, probablemente estábamos en el momento equivocado en el lugar equivocado.

Pero quiero empezar por el principio de la historia, toma asiento.

Nuestra rutina nocturna, antes de irnos a dormir es dar un pequeño paseo con los perros, aquel día salimos como siempre, pero en seguida los perros se tensaron, no iban relajados como habitualmente

Ese estado de alerta nos tensó a nosotros también.

Iban rígidos, moviéndose en manada, notamos cómo comenzaron a agudizar sus oídos y olfatos, y empezaron a buscar, no sé qué olieron, probablemente escucharon aquel sonido antes que nosotros, y el resto de sus sentidos se activaron.

Aunque, en un principio pensamos, que sería un sonido de los muchos que acompañan al bosque, pronto nos dimos cuenta, de que aquello era el punto de partida de lo que ocurriría aquella noche, aquél sonido difería mucho de ser un sonido de algún animal o persona.

Para ser exactos era diciembre, serían cerca de las doce de la noche, y por la altitud a la que estábamos, la niebla ya lo cubría todo, y era imposible ver a más de un metro de distancia.

Por eso, probablemente, los perros se guiaron por su olfato.

Dejamos que fueran ellos los que guiasen el paseo, hasta que de pronto vimos una paloma en el suelo aleteando, alejándose de nosotros, como queriendo echarnos de aquel sitio, probablemente la noche le sorprendió, o quizás algún animal había dañado una de sus alas, o simplemente protegía a su cría, que nosotros no alcanzábamos a ver, nos relajamos, los perros sacudieron su estrés, y pensamos que aquél era el olor que andaban persiguiendo.

Al fin y al cabo, les encanta perseguir palomas.

Seguimos charlando mientas regresábamos a la autocaravana, sin preocuparnos por nada más, sería una noche tranquila bromeábamos.

Después de unos minutos de paseo, volvimos a la autocaravana, nos pareció ver a alguien dentro, ladrones pensamos, así que nos acercamos con sigilo.

Pero no eran ladrones,  allí estaba ella, sentada dentro, no nos miraba, ni hablaba simplemente se escuchaba su respiración agitada.

Su mirada parecía perdida, y comenzamos a angustiarnos, por la tarde no habíamos visto ni otros coches ni personas cerca, pensábamos que íbamos a pasar la noche en la más completa soledad, pero allí estaba ella, con su ropa ajada, su pelo enmarañado y sus manos entrelazadas.

Y ese olor.

Ese olor invadia el ambiente

Un olor a almizcle, profundo y tenso, tanto que resultaba desagradable, y abotargaba el sentido del olfato.

Calculo que tendría unos 70 años, y su piel estaba curtida por el sol, seguramente aquel detalle le hacia parecer mayor, su ropa daba la impresión que hacia tiempo que debía haber sido desechada, ya que parecía que iba a romperse con cualquier roce, pero, ¿qué hacia dentro de nuestra autocaravana?

Es cierto, que cuando paseamos por los alrededores de la autocaravana solemos dejarla abierta pero, estábamos solos, ¿quién iba a entrar?

La primera reacción fue la de los perros, comenzaron a ladrar sin tregua, encrespados y enseñando los dientes, y cada vez con más intensidad, tanto que se escuchaba el eco de sus ladridos.

Pero ella no se movía, ni siquiera nos miraba, simplemente respiraba, sentada en el salón con sus manos sobre el regazo.

Me adelanté, dejé a los perros atrás  con mi pareja.

-Hola, ¿está bien? ¿necesita algo?

En un primer momento no contestó y pasamos unos minutos, así en silencio, sólo se escuchaba su respiración acelerada.

Cuando su respiración se acompasó, me miró, aún recuerdo aquellos ojos, mostraban tanto terror, que parecían traspasarme.

-Son ellos

-¿Quiénes son ellos?

Pero dejo de mirarme, cubrió su rostro con las manos, y comenzó a llorar en silencio, sorbiendo las lágrimas

Había algo inquietante en aquella mujer, probablemente no era su rostro, ni sus manos, ni siquiera su ropa, eran sus ojos, de un gris casi azulado que enfriaba el ambiente.

Pero sólo repetía insistentemente la misma frase, son ellos, como si de un tantra se tratase.

Decidimos intentar llamar a la policía, a pesar de la escasa cobertura, y el desconocimiento de lo que estaba pasando, qué íbamos a explicarles.

La noche cada vez era más oscura, y la niebla cargaba de humedad el ambiente, pero eso no nos impedía escuchar movimientos a nuestro alrededor.

De pronto, Zeus se encrespó.

Y ahí sucedió todo, sin media palabra, la mujer se levantó sobresaltada, y salió disparada de la autocaravana corriendo  en dirección al bosque

Intenté seguirla, pero ella parecía conocer el camino, mientras que yo iba trastabillando a cada paso, hasta  que pasados unos minutos, la perdí.

Después de un rato de persecución, me quedé sola, en mitad del bosque, sin saber volver, jadeando e intentando recuperar el aliento, e intentando entender qué demonios estaba pasando.

Estaba en mitad del bosque, sin saber dónde estaba exactamente la autocaravana, ni quién o qué, podía estar a mi alrededor acechándome.

Cerré los ojos, y comencé a cantar, para ahuyentar el miedo, y para así conseguir que mi pareja me encontrase, quizás Zeus con su potente nariz supiese seguir el rastro

Mientras mis pensamientos volaban en mi cabeza, algo me rozó en el hombro, levemente, algo frío, y cuando me giré allí estaba esa luz.

Qué era aquello.

Tintineaba, y parecía querer indicarme el camino.

No tenia otra opción, comencé a seguirla, primero con miedo y después con más inseguridad, hasta que no se de qué modo llegué al camino, aquel en el que había perdido a aquella mujer, una vez llegado a este punto la luz se desvaneció sin más.

De pronto, escuche los ladridos de Zeus aproximándose, y a mi pareja corriendo tras él.

Pensé menos mal.

Zeus lamia mi cara y mis manos, mientras yo lloraba después del miedo pasado, y la tensión vivida.

Volvimos a la autocaravana, recogimos todo lo más deprisa que pudimos, y volvimos a la civilización, no podíamos pasar la noche entre tanta oscuridad, sin saber qué demonios estaba pasando.

No volvimos a saber nada más de ella

Creo que el bosque no quería que estuviésemos alli, y nos echo, al menos ese es mi presentimiento.

Al día siguiente, y ya con luz, intentamos buscar pistas de lo sucedido la noche anterior, ¿había sido sólo producto de nuestra imaginación?. De la noche, y del entorno, que ciertamente se prestaba a ello.

Probablemente.

Hasta que encontramos un jirón de su ropa, enganchado en un zarzal cercano, había ocurrido, había sido real.

Quién era esa mujer, qué le ocurría, quién le perseguía, qué era esa luz, hacia dónde iba.

Probablemente nunca lo sabremos, lo que sí sabemos es que jamas volveremos a invocar las almas del bosque, y que si huyes de la civilización, a veces puedes encontrarte con sucesos inesperados.

Nota: Todo este relato es fruto de mi desvocada imaginación, no temas dormir solo/a en la autocaravana, los seres misteriosos siempre van a protegerte, o quizás no…

Por cierto, si te apetece pasar un Halloween divertido fuera de casa, échale un ojo a este post

Ahora es tu turno, cuéntame tus planes en autocaravana en Halloween, ¿vas  pasar una noche terrorífica? o ¿prefieres quedarte en casa para repartir truco o trato? 🙂

 

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